Los controles sobre el dólar también hacen efecto sobre el mercado receptivo. Si bien los extranjeros, especialmente los europeos, suelen llegar al país con un paquete cerrado de hospedaje, traslado y actividades, en general necesitan hacerse de moneda local para cubrir algunos gastos cotidianos. El camino de ida es sencillo: bancos y casas de cambio toman gustosos dólares, euros o reales. Lo importante entonces es que guarden el recibo de la transacción, ya que deberá ser presentado en el momento de querer cambiar los pesos por la moneda extranjera. Sin comprobante, el recurso es el Banco Nación, que tiene una sucursal en el aeropuerto de Ezeiza. En este caso, la presentación del pasaporte (que certifique nacionalidad y residencia extranjeras) debería ser suficiente para liquidar los pesos argentinos que sobraron.
Claro que las noticias corren rápido y nunca falta un conserje o guía que pase el dato de las ventajas que ofrece el dólar «blue». Los turistas latinoamericanos no dudan en vender sus billetes a algún «arbolito» para ganar unos pesos extras, mientras que los europeos sólo se animan cuando intercede algún guía de la agencia de turismo. «La realidad es que hoy para los turistas que llegan es el guía el que informa cuál es la situación del mercado cambiario, ya que no hay ningún comunicado oficial que podamos mostrarles a los extranjeros», señalaron desde una agencia de turismo receptivo de Buenos Aires.