Lo sepan o no, son herederos de los centauros, los caballeros medievales, los cruzados, los cowboys y los gauchos. Todo en su conducta y en su carácter hace que los motociclistas formen parte de esa legendaria e intrépida especie humana. Hay detalles que lo marcan claramente así.


 

En consonancia con las cifras alcanzadas por el conjunto de la industria automotriz, el mercado de motocicletas también tuvo, en 2010, su año récord. De acuerdo con los datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA), durante el período se patentaron 559.816 unidades, lo que equivale a un 54% de incremento en comparación con el total registrado en 2009.


 

  
Luego de más de dos horas de película, Steve McQueen, prisionero fugitivo de los nazis, se sube a una moto. “El gran escape” narra, durante casi tres horas, la historia real de la mayor fuga de soldados aliados de un campo de prisioneros alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Por algún motivo, el clímax de esta obra maestra de John Sturgess lo marca la escena en la que McQueen se consigue una moto y enloquece por completo a sus perseguidores nazis. Da lo mismo si se escapa o no. La moto significa la libertad.

 

En la tierra del glamour y del savoir faire, la hotelería ha alcanzado hace tiempo lo que para muchos es la cumbre del lujo: los Palaces parisinos, una marca registrada que por ahora solo tiene siete selectos miembros, con vistas a la Torre Eiffel o el Arco de Triunfo, y las suites más opulentas y costosas del planeta. Son el exponente perfecto del mercado de los placeres de elite, un terreno tan exclusivo como redituable, que tiene su capital en la Ciudad Luz.

 

 



 

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