Lula da Silva se llevó todas las portadas, y con razón. Milei solo fue asociado a la fuga de la familia de Flavio Bolsonaro emulando casi a Butch Cassidy & Sundance Kid del siglo XX. Ante el sorpresivo giro que tuvo el resultado del balotaje brasileño los mercados hicieron tronar el escarmiento, más bien a modo de reajustar posiciones porque habían apostado al triunfo liberal y la victoria petista derrumbó el castillo de naipes. Hoy poco importa que los activos brasileños luzcan “baratos”.
Lo que se dice en las mesas: bajo la sangría brasileña, Javier Milei se diferencia con su ancla fiscal, ¿le alcanzará?
Ante el sorpresivo giro que tuvo el resultado del balotaje brasileño los mercados hicieron tronar el escarmiento, más bien a modo de reajustar posiciones porque habían apostado al triunfo liberal y la victoria petista derrumbó el castillo de naipes.
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Los inversores internacionales ahora quieren ver cómo reaccionará Lula que se hereda un cuadro fiscal insostenible en el mediano plazo. Como prueba del sacudón de los mercados por el triunfo de Lula bien vale el comentario del jefe de la mesa de uno de los mayores bancos brasileños que en un “conference call” explicaba a colegas de Wall Street que el operador bursátil B3 tuvo que ampliar los límites de negociación para futuros de divisas, tasas de interés y acciones durante la sesión ordinaria del lunes para dar cabida a la volatilidad. Recordó que la última vez que las acciones brasileñas activaron un mecanismo de interrupción de la negociación fue durante la caída provocada por la Covid-19 a principios de 2020. El resto ya es historia, aunque la sangría continúo en las últimas jornadas.
Para los operadores e inversores poco importan ya las denuncias del exiliado Bolsonaro en Miami, solo están muy arrepentidos de haber apostado a la victoria de Bolsonaro tras el éxito de la primera vuelta que atrajo miles de millones en flujos de capital extranjero. Ahora los inversores saben que el cuarto mandato de Lula no tendrá luna de miel y deberá abordar el problema fiscal. Sin embargo, resulta paradójico que la mancha fiscal que tienen la mayoría de los países, sobre todo emergentes es lo que aún lo diferencia a Milei.
En la andanada de encuentros centrados en el resultado brasileño, no había banco de inversión internacional que no tuviera a la Argentina casi como un paria, por ostentar superávit fiscal. Esa es hoy su principal fortaleza, quizás la única, porque la historia muestra que a veces no hay bazuca que alcance para frenar un “game over”. Un funcionario del Palacio de Hacienda comentaba a ex colegas del mercado que pese al intercambio de propuestas reactivadoras la Casa Rosada no se mueve del libreto original y se sujeta como niño a su juguete preferido al superávit fiscal.
¿Hasta cuándo?, es la pregunta del millón de la que nadie hoy tiene una respuesta fiable. O sea, podrá más ostentar un potente bazuca cambiario y financiero que el sentimiento de desesperanza de gran parte de la población, ya se verá. Por lo pronto, los datos de actividad siguen desilusionando, ni que hablar de empleo. Hay ruido sobre recalculo (bajista) de proyecciones de crecimiento para el 2026, más allá de la expectativa que el cuarto trimestre registre una buena performance. Más aún cuando el consenso vislumbra que se espera un 2027 muy gris en plena puja electoral lo que lleva a que los inversores, sobre todo, los amantes del riesgo pidan más prima por mantenerse en posiciones largas o para extender la “duration” de la cartera. De todos modos, en un contrapunto entre operadores locales quedaba en claro que para estómagos fríos todavía hay tela para cortar con el “carry trade”.
Qué dicen los analistas sobre el último EMAE
En una tradicional reunión virtual en el bajo porteño mientras debatían que tras el último EMAE que lejos de reflejar el rebote que mostraban los indicadores anticipados la economía estaba casi al borde de la recesión técnica, que obligó, en parte, a que muchos analistas rebajaran la pauta de crecimiento del 2026 y el arrastre para 2027. Hartos de escuchar hablar de recesión técnica un grupo de gente del mercado financiero dejaba el debate para los académicos, y ponderaban que todo esto se daba con nuevos récords en el sector externo. Ahí entró a terciar un economista y ex funcionario, muy escuchado en el mercado, señalando que no faltaban pesos para comprar dólares, sino que estaba faltando era transformarlos en dólares, lo que está en manos del Banco Central (BCRA) y sus compras de divisas (hoy suma más de 15.000 palos verdes, pero solo la mitad fueron a las reservas netas).
Hoy por hoy, parece que nadie premia al BCRA por la acumulación de reservas. Según la visión de una conocida consultora lo que está en juego es el programa económico cuya suerte está en manos de las compras del BCRA y de cuan creíble y eficaz sea la amenaza de la bazuca.
Mientras tanto, ¿a qué hincarle el diente?, preguntó un conocido financista. Desde una influyente boutique financiera le propusieron, a los precios actuales, posicionarse en BONTE 2030 (TY30P) más que en BONCAP mayo 2027 (T31Y7), porque el BONTE tiene la opcionalidad de ser vendido antes de su fecha de vencimiento original (mayo 2030) en mayo del 2027. Hoy ya se igualan los retornos peros además el diferencial de rendimiento entre el BONTE con rescate anticipado y el BONTE con vencimiento original se encuentra en niveles muy bajos. El atractivo es cargarse la compresión de capital hacia adelante y los pagos de cupones de mayo 2027 en adelante.
Sobre el final, dos ejecutivos de uno de los principales bancos locales que anduvieron por Wall Street en las últimas semanas comentaron las sensaciones recogidas sobre el mercado argentino: mucha cautela en el horizonte 2027, más allá que la pelea electoral aún luce lejana, el mercado sigue muy de cerca el programa financiero, la dinámica de la curva soberana y la capacidad de acumulación de reservas; en el corto plazo no se perciben “drivers” macroeconómicos contundentes como para anticipar una suba de cotizaciones, aunque la posible eliminación de las PASO podría ser un detonante; por ende, frente a la volatilidad de la deuda soberana, los bonos corporativos de primera línea siguen siendo una opción de posicionamiento para ciertos inversores.
El contexto geopolítico abre incógnitas
El contexto internacional domina el escenario. Ya pasaron las elecciones brasileñas y las israelíes, ahora viene el otro plato fuerte, las norteamericanas. Uno de los principales interrogantes será cómo responderán las autoridades monetarias de los países del G-7 y G-20 a una combinación incómoda: presiones inflacionarias persistentes y riesgos para el crecimiento, a lo que se suman el encarecimiento energético y las tensiones en la deuda francesa. Desde un banco londinense recomendaron, para vigilar a la Fed, seguir el indicador de Kramer, más allá de las tasas de interés. Para Michael Kramer (Mott Capital Management) la clave está en las condiciones financieras porque considera que permiten evaluar cuánto está frenando realmente la política monetaria.
Además, el crédito sigue ofreciendo una señal relevante: unos diferenciales reducidos pueden amortiguar el efecto restrictivo de las tasas oficiales. La tesis de Kramer es que las condiciones financieras todavía ofrecen un apoyo considerable a la actividad, pese al endurecimiento que han comenzado a registrar. Para ello utiliza como referencia el Índice Nacional de Condiciones Financieras de la Fed de Chicago, que sitúa en torno a −0,50. Los valores negativos reflejan condiciones más laxas que su promedio histórico; los positivos, condiciones más restrictivas. Explica que, desde un nivel negativo, una suba hacia cero representa un endurecimiento relativo y, por el contrario, un movimiento hacia cifras más negativas señala una relajación. Esta distinción permite interpretar la dirección del indicador sin confundirla con la evolución de las tasas oficiales. La conclusión es que el endurecimiento observado todavía resulta insuficiente para respaldar el retorno de la inflación al objetivo del 2%. Se trata de su valoración sobre la política monetaria, no de una conclusión oficial de la Fed.
Por otro lado, uno de los argumentos del análisis es que los diferenciales de crédito permanecen relativamente bajos. Estos diferenciales recogen la rentabilidad adicional que los inversores exigen para asumir riesgo empresarial frente a una referencia de menor riesgo. Así cuando esa prima es reducida, las empresas pueden encontrar condiciones de financiación relativamente favorables, aunque las tasas de referencia sean elevadas. Si los inversores empiezan a exigir una compensación mayor, el costo de financiarse aumenta. Kramer señala que una ampliación de los diferenciales suele acompañarse de mayor volatilidad bursátil. En su escenario, unas expectativas de tasas más altas podrían impulsar esa revisión del riesgo y ejercer presión sobre las acciones.
Y hablando de cómo afectan los conflictos bélicos y geopolíticos al mundo de los negocios globales un banquero de inversión de origen saudí les había anticipado a colegas en un fórum europeo que Arabia Saudita, tras sufrir ataques casi diarios con misiles balísticos por parte de los hutíes en Yemen, no celebrará su emblemática conferencia de inversores Iniciativa de Inversión Futura (IIF), conocida como el "Davos del Desierto", de forma presencial. El problema es que el devenir de los acontecimientos podría obligar a cancelar otros eventos como los ya abortados Cumbre UE-Golfo en Riad, las Finales de FIFAe en Jeddah, el torneo de tenis Six Kings Slam, el rally de Arabia Saudita, el Festival Internacional de Cine del Mar Rojo, los premios Joy Awards, el festival de música electrónica Soundstorm, la Copa Mundial de Esports, el Congreso del Consejo Mundial del Petróleo, y otros. ¿Corre peligro la carrera de Fórmula Uno?



