Urgido por el constante drenaje de reservas en el marco de la estrategia de pisar el dólar para contener la inflación, el Banco Central avanzó en una cuestionada medida para apuntalar la única herramienta que le permitió comprar divisas durante los últimos meses. Decidió flexibilizar las regulaciones macroprudenciales que limitan el otorgamiento de préstamos en moneda extranjera, una normativa surgida de la experiencia de la crisis de 2001. Más allá de que se trata de una flexibilización parcial, las advertencias sobre los riesgos de la estrategia no tardaron en llegar.
Préstamos en dólares: qué hay detrás de la flexibilización y las advertencias sobre los riesgos de la medida
El BCRA amplió el acceso a créditos en moneda extranjera a personas humanas y empresas no exportadoras. La urgencia por traccionar divisas, el refuerzo de la apreciación cambiaria y los riesgos asociados.
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Advierten que la flexibilización de los préstamos en dólares aumenta los riesgos para el sistema.
Este jueves, el directorio del BCRA autorizó a que los bancos puedan realizar préstamos en dólares a cualquier cliente: tanto empresas como personas. Hasta acá, solo podían prestarles a las firmas exportadoras o que tuvieran sus ingresos atados a las variaciones del dólar.
Por el momento, no se trata de una flexibilización total. Desde el Central explicaron que los depósitos en dólares mantendrán la misma restricción y solo podrán usarse para financiar a sectores que generan dólares. Lo que se habilita es a que los bancos utilicen “dólares propios” (conseguidos a través de toma de deuda con el exterior vía obligaciones negociables o créditos) para prestarle a cualquier tipo de público, incluso a los que tienen sus ingresos totalmente en pesos.
El tema fue muy discutido entre analistas de la city y economistas en los últimos meses, a partir del pedido de algunas entidades financieras nacionales privadas de avanzar en algún tipo de flexibilización del crédito en moneda extranjera, algo a lo que se oponían el grueso de los bancos públicos y los extranjeros.
Es que esta regulación fue una de las pocas que atravesó todos los gobiernos durante los últimos 23 años. En ese lapso, fue clave para evitar crisis bancarias a pesar de las múltiples corridas cambiarias que hubo. Su origen hay que rastrearlo en la crisis de 2001/2002 y en el problema que generó el “descalce de monedas”: prestarle en dólares a quien tiene sus ingresos en pesos y que, por ende, entra en riesgos de impago ante subas fuertes del tipo de cambio.
El artículo 23 del Decreto 905 del año 2002 sigue vigente. Eso mantiene la restricción sobre los depósitos en dólares: las entidades financieras solo pueden prestarlos a las empresas que tengan flujo de fondos en moneda extranjera provenientes de directa o indirectamente de operaciones de comercio exterior. Sin embargo, el BCRA eliminó normas complementarias y habilitó a los bancos a utilizar divisas obtenidas a través de ON o créditos en el exterior a cualquier tipo de público: empresas chicas o grandes, exportadoras o volcadas totalmente al mercado local e, incluso, personas humanas.
Flexibilización del crédito en dólares: la urgencia de divisas
El endeudamiento privado en dólares fue durante los últimos meses el principal (y casi exclusivo) sostén de la compra de divisas del BCRA. Es que ese financiamiento es liquidado en el mercado oficial de cambios e infla la oferta de dólares, en un contexto en el que la demanda está restringida por el cepo.
El impulso del crédito en moneda extranjera fue la herramienta a la que apeló el equipo económico para estirar la vida de un esquema de apreciación cambiaria que incuba desequilibrios macro. El plafón para impulsar los préstamos bancarios locales en dólares al sector privado lo aportó el blanqueo, que disparó el nivel de depósitos en moneda extranjera.
Aunque ese stock no es eterno. Y si bien le seguía aportando flujo de divisas al mercado oficial, en las últimas semanas el ritmo de crecimiento había comenzado a amesetarse un poco. Asimismo, la constante sangría a cuentagotas de los depósitos en dólares no se detiene.
Además, la tablita cambiaria de Luis Caputo y Santiago Bausili (y su contracara, el encarecimiento de Argentina en dólares) disparó la salida de divisas por turismo. Y combinada con la apertura importadora, hizo que en enero se desplome el superávit comercial al mínimo nivel de la era Milei (apenas u$s142 millones).
A eso se suman la continuidad del “dólar blend”, que hace que el 20% de las exportaciones no ingrese a las reservas; la fuerte intervención directa sobre los dólares financieros (a pesar de que sigue vigente el “blend”), que superó los u$s1.000 millones en las últimas semanas, según cálculos privados; y los pagos de deuda externa.
La consecuencia: desde el 7 de enero, las reservas brutas perdieron u$s4.500 millones pese a que el Central compró en el mercado oficial más de u$s2.000 millones. Las reservas netas son aún negativas en más de u$s9.000 millones, si se las mide con la metodología del Fondo Monetario Internacional. Es en ese contexto, y mientras negocia nuevo endeudamiento con el FMI, que el equipo económico radicaliza su apuesta a estimular el crédito en dólares.
Los riesgos
Lo cierto es que la medida ya encendió luces amarillas, a pesar que la flexibilización no sea total. Economistas y analistas de las propias entidades financieras dieron cuenta de los riesgos de avanzar en este sentido.
En diálogo con Ámbito, el analista financiero Christian Bueteler señaló que la premisa del equipo económico separar los depósitos de los ahorristas del riesgo que implica prestarles en moneda extranjera a quienes tienen sus ingresos en pesos. “De todas maneras, es muy discutible eso porque el dinero es fungible: una vez que ingresa saber qué plata está acá y qué plata está allá no es tan sencillo”, advirtió. Y agregó que la medida podría ser un primer paso para una flexibilización más amplia: “Yo creo que la idea es ir hacia un sistema donde se pueda prestar a todo el mundo”.
En ese sentido, un destacado economista de una entidad financiera, que prefirió el off the record, le dijo a este medio que, a priori, aparecen dos riesgos. Por un lado, el mencionado descalce de monedas, aunque sea todavía acotado producto de que la flexibilización es parcial y que ya había empresas exportadoras que se endeudaban en dólares vía ON.
Por otro lado, consideró que otro riesgo es que la medida responda más a la urgencia de conseguir dólares que al programa oficial de desregulación macroeconómica y que, por eso, “sea el primer paso de varios”.
Jorge Carrera, exvicepresidente del BCRA, sostuvo que existe un riesgo mayor para el sistema a partir de esta medida. Pese a que en la teoría se presenta una clara diferenciación en la que el riesgo no estará asociado a los depósitos sino a financiamiento que obtengan los propios bancos, Carrera consideró que en la práctica la cosa es distinta y no es fácil separarlos como compartimentos estancos.
En diálogo con este medio, señaló: “En el momento en que hay una crisis bancaria, para el banco todo se vuelve mucho más complicado. Y es posible que no sea tan fácil delimitar una cosa de otra si el banco tiene problemas para cobrar los créditos en dólares que dio a otros sectores (no exportadores)”. En esos casos, hay posibilidades de contagio a toda la hoja de balance de las entidades, advirtió.
El economista explicó que uno de los problemas es que el estímulo a que los bancos se endeuden para acelerar los préstamos en dólares al sector privado refuerza la apreciación cambiaria, que incuba la posibilidad de una corrección más abrupta del tipo de cambio. Mientras dura la apreciación, para los bancos luce sencillo prestar en dólares a personas humanas o a empresas no generadoras de divisas; pero si ocurre un salto devaluatorio, puede dispararse la mora de lo deudores y, eventualmente, una salida de depósitos preventiva. “Es ahí cuando las crisis cambiarias derivan en una fase más costosa y traumática que son las crisis bancarias”, agregó Carrera en su cuenta de X.
En su diálogo con Ámbito, el exfuncionario de la autoridad monetaria sumó un ejemplo reciente para ponderar los riesgos: “Los Grobo y las otras empresas que tuvieron impagos son del sector por definición más generador de dólares en la economía argentina (el agro) y, sin embargo, están en problemas y les generaron problemas a los bancos que les habían prestado. Ahora eso se puede potenciar aún más porque se les va a prestar a sectores que no tienen enganchados directamente sus ingresos con las variaciones del dólar”.
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