26 de febrero 2025 - 13:11

Adiós a los peajes con barrera: los puntos clave de los cambios en el tránsito que impulsa el Gobierno

La propuesta no solo busca agilizar el tránsito y eliminar los embotellamientos, sino también permitir una mayor participación del sector privado en la gestión de los corredores nacionales.

El sistema de peajes en el país va camino a un cambio profundo

El sistema de peajes en el país va camino a un cambio profundo

Mariano Fuchila

El Gobierno avanza en un ambicioso plan para modernizar el sistema vial: eliminar las cabinas de cobro y dar paso a un esquema de peajes sin barreras, basado en tecnología de identificación automática.

La iniciativa, anunciada por el vocero presidencial Manuel Adorni, se inscribe en el plan de desregulación impulsado por el ministro Federico Sturzenegger. La propuesta no solo busca agilizar el tránsito y eliminar los embotellamientos, sino también permitir una mayor participación del sector privado en la gestión de los corredores nacionales.

Cómo funcionará el nuevo sistema de peajes

El modelo que propone el Ejecutivo es similar al que ya opera en Uruguay y en algunas autopistas de la Ciudad de Buenos Aires. En lugar de detenerse en una cabina, cada vehículo tendrá un identificador electrónico vinculado a un medio de pago, permitiendo un cobro automático mientras circula.

“Es un cambio de paradigma: la tecnología reemplaza la burocracia y optimiza los tiempos de viaje”, explican fuentes oficiales. La eliminación de los peajes tradicionales podría significar el fin de los embotellamientos en horarios pico y reducir la contaminación causada por autos detenidos con el motor encendido.

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En lugar de detenerse en una cabina, cada vehículo tendrá un identificador electrónico vinculado a un medio de pago, permitiendo un cobro automático mientras circula.

En lugar de detenerse en una cabina, cada vehículo tendrá un identificador electrónico vinculado a un medio de pago, permitiendo un cobro automático mientras circula.

Sin embargo, el plan no está exento de desafíos. La infraestructura vial necesitará adaptaciones y, sobre todo, una inversión significativa para garantizar que el sistema funcione sin fallas. Aún no se ha definido una fecha exacta de implementación, pero el Gobierno busca acelerar los plazos para avanzar en las primeras pruebas.

El rol del sector privado y el impacto en los trabajadores

Más allá del avance tecnológico, la reforma abre otro debate: el futuro de las concesiones viales. Actualmente, más de 6.000 kilómetros de rutas nacionales están bajo la administración de la empresa estatal Corredores Viales, pero la nueva política apunta a privatizar parte del sistema.

Según el Ejecutivo, permitir que empresas privadas gestionen los corredores facilitará inversiones en mantenimiento y mejoras de infraestructura. Sin embargo, la medida podría traer un ajuste en las tarifas de peaje, algo que preocupa a los conductores habituales.

Otro tema sin resolver es el impacto en el empleo. La eliminación de las cabinas de peaje afectará directamente a cientos de trabajadores que hoy operan en estos puntos de cobro. En algunas regiones, como Santa Fe, ya han surgido reclamos por posibles despidos, especialmente en tramos donde las concesiones están próximas a vencer.

Más allá del peaje: el futuro de la movilidad en la Argentina

El plan de modernización vial no se limita a los peajes. En paralelo, la Ciudad de Buenos Aires avanza en medidas complementarias, como la exención del pago para vehículos eléctricos e híbridos, una estrategia para fomentar el uso de autos menos contaminantes.

Mientras tanto, en las rutas nacionales, los conductores siguen pasando bajo las estructuras de peaje, sin saber si en unos meses todo cambiará. El decreto que definirá el nuevo sistema está en camino, pero su éxito dependerá de la capacidad de implementación y de la respuesta de las provincias, que tendrán la última palabra sobre su adhesión.

El futuro de las rutas argentinas parece tomar un nuevo rumbo, uno donde la barrera ya no baje, donde las monedas y tickets de papel queden en el recuerdo, y donde el tiempo en la ruta dependa más de la velocidad del viaje que de las paradas obligadas.

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