El mercado de trabajo argentino atraviesa un proceso de transformación estructural que se distingue con nitidez de crisis anteriores. A diferencia de episodios como la década de 1990 o el colapso de 2001-2002, caracterizados por saltos abruptos en la tasa de desempleo abierto, el escenario actual presenta una dinámica distinta pero cada vez más clara: la contracción continua del empleo formal privado no deriva en un pico de desocupación, sino en una reconfiguración hacia ocupaciones de menor calidad, lo cual retroalimenta la crisis de ingresos.
La metamorfosis del mercado de trabajo: la crisis del empleo formal y el crecimiento silencioso y persistente del pluriempleo
El mercado de trabajo argentino atraviesa un proceso de transformación estructural. La informalidad y el cuentapropismo han crecido de forma constante. Este colchón amortigua la tasa de desempleo, pero absorbe trabajadores en actividades de baja productividad y con remuneraciones inferiores.
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Se sumó empleo, pero solo informal
El crecimiento del pluriempleo constituye una de las expresiones más claras de una crisis de ingresos.
En este marco, la informalidad y el cuentapropismo han crecido de forma constante como un refugio imperfecto frente a la pérdida de puestos registrados. Este colchón amortigua la tasa de desempleo, pero absorbe trabajadores en actividades de baja productividad y con remuneraciones inferiores. Tomando los datos de panel del período 2024-2025, los trabajadores que perdieron un puesto registrado en el sector privado y se pasaron al año siguiente al cuentapropismo, sufrieron una caída del poder adquisitivo de 30% en promedio.
Pero la caída del empleo formal no es el único síntoma de la crisis. Como respuesta a la pérdida del poder adquisitivo, el pluriempleo ha mostrado una suba persistente en los últimos años alcanzando al 11,5% de los ocupados. Es decir, 1 de cada 10 trabajadores tiene 2 o más ocupaciones.
En el estudio “Pluriempleo: un fenómeno creciente” que realizamos en C-P Consultora en colaboración con la Fundación Ebert, encontramos que este fenómeno tiene distintas explicaciones, pero el segmento que más explica la expansión de la cantidad de los pluriempleados son los trabajadores de menores ingresos y calificación.
El motor "cuello azul": la respuesta a la erosión de los salarios
Históricamente, la doble ocupación estuvo concentrada en sectores con esquemas de contratación de dedicación parcial o por horas, como la docencia, la salud y el servicio doméstico —el "pluriempleo tradicional"—, con dinámicas organizativas particulares. Estas actividades tienen una tasa de pluriempleo más altas que el resto, con predominio de las mujeres y el sector público. Representan alrededor de la mitad de los trabajadores con 2 o más ocupaciones.
En los últimos años identificamos la irrupción de un pluriempleo que llamamos “emergente”. Una parte, los de "cuello blanco", están conformados por profesionales y técnicos que se desempeñan en Servicios Profesionales, Finanzas, Información y Comunicaciones, Arte y Entretenimiento, este subgrupo ha registrado una expansión importante, pero explicó el 22% del incremento total del pluriempleo en la Argentina en los últimos años.
El segmento de "cuello azul" —integrado por trabajadores de menores ingresos, en actividades como la industria manufacturera, comercio, construcción, hotelería y gastronomía— fue el principal determinante de la expansión de los últimos años. En este período, el número de personas en este tipo de doble ocupación aumentó un 77%, explicando más de la mitad del aumento en la cantidad de pluriempleados.
El motor de esta expansión se vincula de forma directa con la caída acumulada de los ingresos reales en la ocupación principal. Ante paritarias que no compensan la inflación acumulada y el aumento sostenido en el costo de vida, la suma de un segundo ingreso funciona como la principal estrategia de los hogares para mitigar la pérdida de poder de compra.
Los datos sociodemográficos refuerzan el carácter económico del proceso: el 63% de los pluriempleados de "cuello azul" son jefes o jefas de hogar sobre quienes recae la responsabilidad del sostén familiar. Asimismo, el 69% no posee estudios superiores completos. Estos indicadores sugieren que la búsqueda de una segunda ocupación responde a una necesidad de contención presupuestaria frente al deterioro de ingresos.
Sobreocupación y alta informalidad
El impacto de la pluriactividad sobre las condiciones de trabajo se observa en la carga horaria que acumulan los trabajadores. Mientras que un trabajador con una sola ocupación se desempeña en promedio 37,5 horas semanales, el promedio general para el universo pluriempleado asciende a 43 horas. Al focalizar en el subgrupo de "cuello azul", la extensión de la jornada muestra registros superiores.
En este segmento, los trabajadores promedian 50 horas semanales y el 56% de los pluriempleados de este subgrupo están sobreocupados (trabaja más de 45 horas semanales). Asimismo, un 22% de estos trabajadores labora más de 60 horas semanales, acumulando jornadas diarias muy por encima de los parámetros habituales.
Otro aspecto determinante es la calidad del puesto de trabajo. En el segmento "cuello azul", la tasa de informalidad alcanza el 39%. Esto señala que la multiplicación de empleos se realiza sobre la base de actividades no registradas, de baja productividad, con remuneraciones horaria baja y sin cobertura de la seguridad social ni derechos laborales formales.
Es decir, aunque el segundo empleo aporta ingresos monetarios adicionales para el hogar, la brecha salarial de la economía informal limita el rendimiento de las horas adicionales, configurando un esquema donde el mayor esfuerzo vía horas intenta compensar la pérdida de ingresos y la nula creación de puestos de trabajo formales de la economía en la actualidad.
Una crisis persistente de ingresos
En definitiva, el crecimiento del pluriempleo constituye una de las expresiones más claras de una crisis de ingresos que se diferencia de las crisis laborales del pasado: hasta el momento no se traduce en un aumento drástico del desempleo, sino en más informalidad y la necesidad de trabajar más para compensar la caída de los ingresos. El mayor dinamismo se concentra, en un perfil de trabajadores distinto al del pluriempleo tradicional: los de “cuello azul”, de menores ingresos y calificación. El aumento del 77% de este segmento, su elevada informalidad, el predominio de la sobreocupación y el hecho de que la mayoría sean jefes o jefas de hogar sin estudios superiores completos muestran que la expansión de la segunda ocupación responde, fundamentalmente, a una estrategia defensiva frente al deterioro del ingreso de la ocupación principal. Así, la crisis del empleo formal no se expresa solamente en la pérdida de puestos registrados, sino también en la extensión de las jornadas, la multiplicación de ocupaciones y el desplazamiento hacia empleos más precarios y de menor productividad: una forma de ajuste silencioso pero persistente, en la que el pluriempleo asume un protagonismo cada vez mayor.
(*) Economistas de C-P Consultora





